Mejor mediar que dejarse juzgar | Nuria Chinchilla: valores y ecología humana

Interesantísimo post de Dña. Nuria Chinchilla, en su Blog del IESE.

Origen: Mejor mediar que dejarse juzgar | Nuria Chinchilla: valores y ecología humana

 

Mejor mediar que dejarse juzgar

En el día a día contamos con una serie de profesionales a los que acudir a golpe de teléfono.  Desde médicos a profesionales del mediacionPagehogar, pasando por peluqueros, veterinarios, repartidores, vendedores, profesores de apoyo… Los llevamos grabados en el móvil. Cuando se presenta un momento de dificultad en nuestra vida diaria, tiramos de teléfono y buscamos ayuda. Si el problema es de índole más personal, es un conflicto: Un conflicto es aquel desacuerdo que afecta a la relación interpersonal. Podemos estar implicados con cierto grado de culpa por nuestra parte, entonces ya no somos tan proactivos en la búsqueda de ayuda, y lafoto linkedin cosa se va complicando. Con el paso del tiempo, el pequeño problemadel inicio puede llegar a ser un grave conflicto.

 

Y, por el camino, hemos dejado de lado la asistencia que existe y se nos ofrece, por desconocimiento en muchos casos, pero sobre todo por falta de información o confianza en la efectividad de esta ayuda previa a medidas más drásticas. Estamos hablando de la mediación.

Podemos contar con la figura de un mediador que pueda ayudarnos en un conflicto familiar, para no tener que acabar en un juzgado. Esto implica abrirse, ser sincero, colaborar, dialogar y escuchar al otro, con la ayuda de una persona que sabe ser neutral y quiere ayudar a las dos partes. Esto es lo revolucionario.

De todo ello nos habló nuestra amiga,  la abogada, mediadora y Máster de Familia por la UNAV María Eugenia Pons de Gironella, en la última sesión del I-WIL Lunch, en el Campus del IESE en Barcelona. Veamos algunos puntos interesantes:

  • En el proceso judicial casi nadie queda contento, porque nos dan -con suerte- lo que pedimos… no lo que necesitamos.20170314_134503
  • De cada 3 matrimonios, 2 se separan. La mediación previa al proceso judicial puede ayudar a revertir esta alarmante cifra. Si se llega al procedimiento judicial, el enfrentamiento es inevitable y esa relación, que el mediador podría haber ayudado a recuperar, se pierde.
  • Manipulación de datos: el llamado “divorcio exprés” fue creado expresamente por el gobierno de España y subió así artificialmente la estadística de conflictos resueltos de mutuo acuerdo.
  • La mediación lleva a reconocer la raíz del problema, que no siempre es lo que parece: una hipoteca inasumible puede estar detrás de una decisión de separarse.
  • La mediación sirve a veces para llegar a un no-acuerdo…. ¡porque no hace falta! Simplemente habíamos “entrado en barrena”, por la negatividad.
  • Cuando llegas al juzgado pierdes el control de la situación: el mediador te permite controlar lo que quieres, lo que esperas, reconocer lo que necesitas. Te puede ahorrar que tus hijos se vean forzados a declarar, a pasar por el servicio judicial de psicología. En definitiva, te permite seguir controlando tu vida. Cuando estás ante el juez, todo ello es ya inalcanzable.
  • Si nos pasamos la vida reconciliando ¿por qué cuando tenemos un conflicto interpersonal no nos reconciliamos? De esto va la mediación. De tolerar, pero tolerar con cariño.

Tolerancia + Cariño = Reconciliación

PROGRESISMO Y LIBERTAD DE CONCIENCIA

Recientemente hemos asistido –algunos, atónitos- a la ofensiva del grupo “Podemos” contra la retransmisión de la misa dominical en RTVE. Tengo para mí que este grupo político está mayormente integrado por personas iletradas, arribistas y que no suelen conocer bien el alcance de lo que dicen ni de lo que hacen, que son incapaces de representar con dignidad el papel de servidores públicos que las urnas les han conferido. Pero esto es sólo una opinión mía, capaz errónea, pero que creo respaldada por los hechos o dichos que profieren los mentados sujetos. Porque hay que ser un completo indocumentado[1] para decir que «España es un país aconfesional y la televisión pública no es el espacio más sensato para ritos religiosos» (Pablo Iglesias). Este comentario tan aparentemente aséptico lo hace quien parece dirigir una grey entre cuyos integrantes encontramos auténticos profesionales del insulto, la mofa y el desprecio a la religión católica. En este post trataré de demostrar que ambas conductas (el menosprecio a mis creencias y el intento de suprimir la Misa dominical en RTVE) atentan contra mis derechos constitucionales.

Georg Jellinek era de la opinión de que “hay un derecho natural al hombre, y no un derecho otorgado al ciudadano, en lo de tener libertad de conciencia y de pensamiento en materia religiosa, siendo un derecho superior al Estado, que éste no puede violar”, porque, sigue diciendo, “no es el Estado, sino el Evangelio, quien lo proclama”. Proviene, según el mismo autor, de la convicción de que “la idea de consagrar legislativamente los derechos naturales del individuo no es de origen político, sino religioso[2].

Por eso, la libertad religiosa fue históricamente, como afirma Contreras[3], el primero de los derechos humanos, quizás porque en la esfera de la conciencia sea donde se sitúa lo más específicamente humano.

En íntima conexión con el derecho a profesar íntimamente cualquier creencia, a elaborar las ideas o pensamientos que se tengan por conveniente, está el derecho a no ser perturbado, ni por el Estado ni por ningún otro sujeto en el ejercicio de esa libertad de conciencia. En otras palabras, se trata de disponer de una esfera de agere licere en esta materia tan íntima.

De la trascendencia de este derecho fundamental de idea la resolución de la Asamblea General de la ONU 36/55, de 25 de noviembre de 1981, por la que se aprobó la “Declaración sobre la eliminación de todas las formas de intolerancia y discriminación fundadas en la religión o las convicciones”. En ella, considerando que “la religión o las convicciones, para quien las profesa, constituyen uno de los elementos fundamentales de su concepción de la vida y que, por tanto, la libertad de religión o de convicciones debe ser íntegramente respetada y garantizada” se dispone en su artículo 1º que “Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión. Este derecho incluye la libertad de tener una religión o cualesquiera convicciones de su elección, así como la libertad de manifestar su religión o sus convicciones individual o colectivamente, tanto en público como en privado, mediante el culto, la observancia, la práctica y la enseñanza”, en consonancia con lo que ya disponían el artículo 18 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y el 18 de Pacto Internacional de derechos civiles y políticos.

A pesar de ello, en 2011, la resolución de la Asamblea General de Naciones Unidas 65/211 sobre el mismo asunto, expresaba la profunda preocupación de la organización supranacional porque, a pesar de lo que estableció la resolución 36/55 citada, “continúan cometiéndose actos de intolerancia y violencia basados en la religión o las creencias contra personas y miembros de comunidades religiosas y minorías religiosas en todo el mundo y porque se han logrado escasos progresos en la eliminación de todas las formas de intolerancia y discriminación basadas en la religión o las creencias

Poco tiempo antes, la misma ONU, en su resolución 53/140, de 1º de marzo de 1999 tuvo necesidad de recordar que “el derecho a la libertad de pensamiento, conciencia, religión y creencias tiene profunda significación y amplio alcance y abarca la libertad de pensamiento sobre todos los temas, las convicciones personales y el compromiso con la religión o las creencias, ya se manifiesten a título individual o en comunidad con otras personas,” viéndose obligada a reafirmar “que la libertad de pensamiento, conciencia, religión y creencias es un derecho humano que dimana de la dignidad inherente al ser humano y que se debe garantizar a todos sin discriminación”, alarmada “por las graves manifestaciones de intolerancia y de discriminación por motivos de religión o creencias, entre las que se incluyen actos de violencia, intimidación y coerción motivados por la intolerancia religiosa, que se producen en muchas partes del mundo y amenazan el disfrute de los derechos humanos y de las libertades fundamentales”, entre ellos el derecho a la libertad de expresión.

Porque de nada serviría esta esfera de privacidad y de ausencia de coacciones si no pudiéramos exteriorizar las mismas y comunicarlas a otros de manera privada o pública, como tuviéramos por conveniente[4]. Y aquí es donde entra en juego otro derecho fundamental, el derecho a la libertad de expresión, garantizado en España por el artículo 20 de la Constitución, que dispone, en lo que aquí interesa, lo siguiente:

“Se reconocen y protegen los derechos:

  1. a) A expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción.

(…)

Estas libertades tienen su límite en el respeto a los derechos reconocidos en este Título, en los preceptos de las leyes que lo desarrollen y, especialmente, en el derecho al honor, a la intimidad, a la propia imagen y a la protección de la juventud y de la infancia.

Como señalan Elvira Perales y González Escudero, en la Sinopsis de dicho artículo en la Web del Congreso de los Diputados, la libertad de expresión hace referencia a la libertad para comunicar pensamientos, ideas, opiniones por cualquier medio de difusión ya sea de carácter general o más restringido, aunque se garantice una especial protección en el primer caso. En su opinión, “existen unas pautas, puestas de relieve en especial por la jurisprudencia, que será necesario tener presentes a la hora de analizar cualquier conflicto entre los derechos del artículo 18.1 y los del artículo 20: a) En ningún caso resultará admisible el insulto o las calificaciones claramente difamatorias (SSTC 204/2001, de 15 de octubre; 20/2002, de 28 de enero; STC 181/2006; STC 9/2007)”.

En definitiva, todos tenemos derecho a la libertad de conciencia y de religión, y a ejercitar tal libertad en todos los ámbitos, expresando libremente nuestras convicciones. Por tanto, sorprende la ligereza con la que, particularmente en España, se están tomando los atentados contra la libertad de culto, pues empieza a ser frecuente el desprecio, la mofa, las amenazas o la mera obstaculización del ejercicio de la libertad religiosa. Son además atentados estos dirigidos a una única confesión religiosa, la católica, y ello en la anteriormente católica España.

Además, es frecuente que los católicos tengamos la sensación desoladora de sentirnos abandonados por quién tiene el monopolio del poder y de la fuerza, es decir, por las instituciones públicas, que permiten los continuos ataques al credo y las instituciones católicas, cuando no las respaldan abiertamente.

Y ante el menosprecio público a unos ciudadanos que pacíficamente ejercen su libertad religiosa no puede ser invocada la libertad de expresión, como hemos visto.

Por lo que se refiere al intento de que sea suprimida la retransmisión de la misa dominical, debemos recordar que la regulación de la radio y, en mayor medida, la televisión ha estado condicionada por su consideración de servicios públicos. Su regulación jurídica se encuentra en tres normas fundamentales: la Ley 32/2003, de 3 de noviembre, General de Telecomunicaciones, la Ley 17/2006, de 5 de junio, de la radio y la televisión de titularidad estatal y la Ley 7/2010, de 31 de marzo, General de la Comunicación Audiovisual. Para el caso concreto del servicio de interés económico general de comunicación audiovisual de titularidad estatal, la gestión directa se encomienda a la Corporación RTVE, regulada, la Ley 17/2006 y por la Ley 8/2009, de financiación de CRTVE. Esta Ley establece que las Cortes Generales, los Parlamentos autonómicos y los órganos de Gobierno Local se encargarán, según el caso, del control de la gestión y del cumplimiento de la función de servicio público. En lo que hace a las Cortes Generales, hay que destacar la existencia de una Comisión mixta para el control parlamentario de la CRTVE. Asimismo, se habrá de estar a los Mandatos-Marco, que prevé el artículo 4 de la Ley 17/2006, y que son el instrumento elegido para concretar los objetivos generales y las líneas estratégicas del servicio público esencial de la CRTVE. El primer Mandato-Marco fue aprobado por los Plenos del Congreso de los Diputados y del senado de 11 y 12 de diciembre de 2007, y tiene un plazo de vigencia de 9 años, a contar desde el 1º de enero de 2008, siendo prorrogado hasta no ser sustituido por uno nuevo.

El Mandado-Marco tiene como objetivo “concretar los objetivos generales de su función de servicio público esencial”. En él leemos que “forma parte de la función del servicio público esencial de la Corporación RTVE la producción, edición y difusión de [contenidos] para todo tipo de público, cubriendo todos los géneros y destinados a satisfacer necesidades de información, cultura, educación y entretenimiento de la sociedad española reflejando su identidad y diversidad cultural, lingüística promoviendo el pluralismo y la participación.” La Corporación pública mantendrá una “posición activa” únicamente en defensa de los valores constitucionales, estando sujeta a los principios de independencia, neutralidad, pluralismo, imparcialidad y rigor en sus contenidos. Los principios éticos que ha de respetar su programación se detallan en el artículo 12 y siguientes del Mandato-Marco (no incluirá en su programación contenidos que perturben o rompan el clima de convivencia social en España, atenten contra el sentimiento mayoritario de los ciudadanos y los valores morales y cívicos. o inciten al suicidio y la violencia en cualquier ámbito, especialmente la de género, así como a los comportamientos machistas, xenófobos, racistas u homófobos, tendrá especial cuidado en el tratamiento de contenidos que afecten a las víctimas de la violencia, catástrofes naturales o acontecimientos luctuosos, con el fin de impedir que el dolor de las personas pueda convertirse en objeto de morbo o espectáculo, reflejará su compromiso con la paz, la cooperación internacional, la redistribución de la riqueza y la lucha para erradicar el hambre y la miseria, la promoción de los Intereses Españoles en el Panorama Internacional, el respeto al derecho de todas las personas al honor, la intimidad personal y familiar y la propia imagen, el compromiso con la igualdad entre mujeres y hombres y la protección de la Infancia y la Juventud).

Pues bien… ¿En qué contraviene, según P. Iglesias, a estos principios y objetivos la retransmisión de la misa dominical? ¿Cuál de ellos considera lesionado este sujeto si se sigue manteniendo la emisión de la misa?

Obviamente, ni éste ni ningún otro “podemita” podrá argumentar razonadamente su demencial iniciativa. Una pena, porque, de tener algún argumento, podríamos iniciar un lindo debate.
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IMAGEN: http://www.diocesisdesantander.com/la-catedral-de-santander-acoge-este-domingo-24-la-retransmision-de-la-misa-de-la-2-de-tve/

[1] Dicho de una persona: Sin arraigo ni respetabilidad. DEL.

[2] Jellinek, Georg. La Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano. 1895. Trad. Adolfo Posada. Universidad Nacional Autónoma de México. 2003. Pp, 125

[3] Contreras Peláez, Francisco J. (Ed.) et altres. El Sentido de la Libertad. Historia y vigencia de la idea de ley natural. STELLA MARIS. Barcelona. 2014. Pp. 130

[4] “Si no pudiéramos mostrar públicamente nuestras convicciones y creencias, el Art. 16 de la Constitución, se vaciaría de contenido específico reduciéndolo sin más a una mera libertad de pensamiento y de expresión para difundir las propias ideas”. Voto particular del Magistrado del Tribunal Supremo José Manuel Sieira (voto particular en la STS 341/2009, de 11 de febrero).

VÉASE TAMBIÉN: http://www.joaquinpolo.net/2017/04/progresismo-y-libertad-religiosa-y-de.html

El efecto rebote | El Sónar – Ignacio Aréchaga

Interesante reflexión de Ignacio Aréchaga:

El nuevo “colonialismo ideológico” de la diplomacia americana en África provoca resistencias y daños colaterales.

Origen: El efecto rebote | El Sónar – Ignacio Aréchaga

 

EL EFECTO REBOTE.

 

Ignacio Aréchaga.

 

Lo menos que puede decirse de la diplomacia americana en el proceso de las “primaveras árabes” es que ha contribuido a traer más caos que democracia. Sin duda, era legítimo apoyar las rebeliones ciudadanas contra los dictadores que se perpetuaban en las naciones árabes. Pero no había que hacerse ilusiones sobre el rápido arraigo de la democracia en unos países donde cuentan sobre todo los clanes familiares y la identificación étnica y religiosa.

 

El balance muestra una región en bancarrota. En Egipto la dictadura de un general ha acabado sustituida por la de otro; Libia es un Estado fallido; en Siria la paz bajo la dictadura de Asad ha dado paso a una guerra interminable y a la huida masiva de refugiados; en Iraq y Siria el Estado islámico hace estragos y trastoca las fronteras, convirtiéndose en un imán para yihadistas europeos.

No es que todo esto sea culpa de la diplomacia americana. La región tiene suficientes fuerzas autodestructivas. Pero es claro que la acción occidental ha sido equivocada, tanto en sus ilusiones democratizadoras como en sus medios, al apoyar a grupos que han contribuido a hacer estallar un polvorín.

 

Los efectos perversos de esta diplomacia no son motivo para que Occidente se desentienda del esfuerzo para construir la paz en Oriente Medio. Pero sí debe llevar a una diplomacia menos arrogante y más cauta, que tenga en cuenta el contexto de la cultura local y las previsibles reacciones a interferencias ideológicas foráneas.

 

Este tipo de reacciones se están manifestando también en África, ante otra de las causas que el Departamento de Estado americano ha convertido en oficial: la normalización de la homosexualidad y la defensa de los derechos de los gais. Desde hace cuatro años, la Administración Obama ha movilizado para esta cruzada a sus diplomáticos y ONG afines, financiando a grupos LGTB y condicionando su ayuda al desarrollo a cambios legislativos en este asunto.

 

Hasta el propio Barack Obama se permitió, durante su visita a Kenia el pasado julio, aleccionar a sus huéspedes sobre los derechos de los homosexuales, cosa que no cayó bien. El presidente Keniatta le respondió que la gente de Kenia no está interesada en esto, que sus preocupaciones prioritarias eran otras.

 

Y es que cuando EE.UU. asume una nueva prioridad piensa que también el resto del mundo debe obsesionarse con ella. Pero en África su misión laica sobre los derechos de los gais puede estar haciendo más mal que bien, como reconoce un reportaje del New York Times siempre tan atento a la causa gay. El diario menciona que desde 2012, el gobierno americano ha dedicado más de 700 millones de dólares a financiar a los grupos pro gais en todo el mundo. De ellos, más de la mitad han ido al África subsahariana, lo que muestra la importancia del continente para la nueva política.

 

Todo esto va a contracorriente de la cultura africana. No es que en África no haya gais y lesbianas, pero es notorio que para la visión africana la homosexualidad contradice el sentido de la diferencia de sexos, el valor de la fecundidad y también la enseñanza bíblica. Por eso se considera que pone en riesgo el modo de pensar y de sentir de la sociedad africana. Estos sentimientos –también compartidos en otras partes del mundo– pueden gustar o no, pero hay que tenerlos en cuenta. Y más en una sociedad en la que no hay una correción política que amordace la expresión de lo que verdaderamente se piensa.

 

Si no se tiene en cuenta, el efecto rebote puede ser inesperado. Así está sucediendo en países como Nigeria y Uganda, donde la acción para impulsar los derechos de los gais ha provocado leyes más duras contra ellos. “Antes, estas personas (gais) llevaban una vida tranquila, y nadie les prestaba atención”, dice Stella Iwuagwu, directora del Centro para el derecho a la salud, en Lagos. “Mucha gente no tenía ni idea de que hubiera gente que fuera gay. Pero ahora lo saben y están indignados. Ahora oyen que los americanos están trayendo estos estilos de vida extranjeros. La ley les ha envalentonado”.

 

La ley a la que se refiere es la aprobada –por unanimidad– en 2013 en Nigeria. La ley establece que las relaciones homosexuales pueden ser castigadas hasta con 14 años de cárcel y considera un delito organizar cualquier tipo de manifestación pro gay. Tanto los defensores como los oponentes de los derechos de los gais piensan que la ley no existiría si no hubiera sido por la presión americana para que Nigeria abrazara esta causa. Se diría que el bombardeo ideológico americano está provocando daños colaterales entre los mismos que pretendía ayudar.

 

La indignación ha subido de tono en el continente al ver que EE.UU. condicionaba sus ayudas al desarrollo al “avance” de los derechos de los gais. Después de que el presidente de Uganda firmara el año pasado una dura legislación antigay, la Administración Obama recortó parte de las ayudas para la sanidad. Por la misma razón, las agencias católicas de beneficencia han dejado de solicitar ayudas del gobierno americano que iban ligadas a la promoción de la causa gay.

Muchos africanos ven en estas presiones de la diplomacia occidental un intento de “colonialismo ideológico”. “Igual que nosotros no tratamos de imponer nuestra cultura a nadie, esperamos también que los demás respeten la nuestra”, dice Theresa Okafor, nigeriana.

 

Los propios activistas africanos progais están distanciándose de la acción americana, y dicen que sería más eficaz y diplomático intentar cambiar progresivamente las actitudes sociales a través de un esfuerzo educativo.

 

Pero también esta labor educativa debería distinguir entre dos acciones. Una cosa es que nadie deba ser perseguido por sus inclinaciones sexuales, lo que es un derecho humano que debe ser defendido por los americanos y por todos. Y otra que se identifique como derecho cualquier pretensión de los movimientos gais, ya sea el matrimonio entre personas del mismo sexo, la adopción o los vientres de alquiler. Los africanos están viendo a donde ha llevado en Occidente las concesiones a la ideología de género, y no quieren seguir el mismo camino.

 

Los atentados islamistas de París

Hace algunos meses, el mismo día en que tuvo lugar el trágico atentado contra Charlie Hebdo llegó a las librerías francesas el estremecedor –y en mi opinión clarividente- libro de M. Houellebecq que lleva por título “Sumisión“. Al final del libro, el mediocre profesor universitario elevado a las más altas esferas de la política francesa tras su conversión al Islam, publica un artículo en el que afirma que el Islam está llamado a dominar el mundo, puesto que las civilizaciones occidentales le parecían, a buen seguro, condenadas, y lo argumenta así: “el individualismo liberal podría llegar a triunfar si se contentaba disolviendo las estructuras intermedias que eran las patrias, las corporaciones y las castas, pero si atacaba a esa estructura última que era la familia, y por tanto a la demografía, firmaría su fracaso final; entonces llegaría, lógicamente, el tiempo del Islam”.

Tras los devastadores atentados de noviembre en París, Europa parece caer en la cuenta de que nos hallamos en estado de Guerra. Y comienzan las grandilocuentes declaraciones de ilustres representantes de nuestra clase política, en mayoría de las cuales se apela a la fortaleza democrática, a los “valores europeos” y a las libertades que gozamos los europeos, que “no nos serán arrebatadas”. Alguno de la parte más a la izquierda del espectro ha llegado a decir que al terrorismo se le combate eficazmente sólo con más tolerancia y más libertad, declaraciones que causan algo más que estupor.

Me ha hecho ilusión, sin embargo, esa insistente alusión a los “valores europeos”, porque a estas alturas muchos desconocemos cuales son o puedan ser.

La grandeza europea, lo que constituyó su mejor aportación al humanidad, y que a la vez es la debilidad principal de Europa a ojos de quienes quieren acabar con lo que representa, lo dice también el citado personaje de Houellebecq desde su perspectiva de defensor de la hegemonía del Islam en Europa: “La idea de la divinidad de Cristo (…) era el error fundamental que ineluctablemente conducía al humanismo y a los «derechos del hombre»”.

Es su raíz cristiana la que ha dado su grandeza y la vigencia mundial de su modelo a  Europa. Son los valores del humanismo de raíz esencialmente cristiano los que hacen reconocible a Europa y dan sentido a su misión en el mundo. Por tanto, renunciar a ellos es garantía de descomposición, de vulnerabilidad y de decadencia.

Y no otra cosa es lo que lleva decenios haciendo Europa, sus políticos, sus ciudadanos y sus instituciones. El feroz ataque a la familia, que encabeza de modo más palmario esta negación de todo lo que desde siempre ha sido, está alcanzando cotas que nos aproximan a un punto de no retorno: La consideración de que cualesquiera unión sexual de dos personas es equiparable al matrimonio de hombre y mujer, la desvalorización de la maternidad, considerada como un riesgo indeseable y una lacra para el pleno desarrollo de la mujer, la disolución de las diferencias naturales de los sexos y sus sustitución por un radicalismo «de género» que se fundamenta en que masculinidad y feminidad son concepciones de origen social, la pavorosa lacra del aborto intencionado, al que se intenta dar el carácter de derecho subjetivo, el avance imparable de la cultura de la muerte, y tantos otros síntomas de agonía de la idea de Europa.

Todo ello convierte a Europa en un organismo doliente, herido de muerte y casi putrefacto. Ya casi no tiene nada que ofrecer a nuestros jóvenes, más allá de un futuro lleno de Gadgets tecnológicos y placeres de usar y tirar. En este mismo sentido, y en otro post anterior (http://www.joaquinpolo.net/2015/01/europa-huerfana.html), con ocasión de otro atentado terrorista en Francia, escribíamos:

Como recordaba Benigno Blanco en su Lección inaugural de Apertura de Curso en la UCAM el 12 de noviembre, “la civilización occidental [es] la más humanista que ha existido. Sólo aquí, en Occidente, hemos descubierto e interiorizado la radical igualdad entre los seres humanos; sólo aquí hemos construido el concepto de dignidad humana y teorizado los derechos humanos; sólo aquí hemos creado todo un entramado institucional para defender la libertad: el Estado de Derecho; sólo aquí hemos sometido a criterios éticos los más radicales poderes del Estado como la pena de muerte y la guerra; sólo aquí hemos erradicado la tortura y la esclavitud”.

Pero… ¿Estos principios siguen siendo hoy los valores sobre los que asienta nuestra civilización occidental? ¿No nos hemos ido encargando nosotros mismos, desde hace décadas, de vaciarlos de contenido, de relativizarlos e incluso de oponernos a ellos, renunciando así a nuestra propia esencia?

En la vieja, envejecida y esclerótica Europa, víctima del pensamiento débil, ha dejado de tener sentido la apelación a la verdad del hombre, y a un humanismo de raíz cristiana que supuso el fundamento de los Derechos Humanos y de la consagración de la dignidad inviolable de todo ser humano.

 

El relativismo, con su renuncia al uso de la razón para descubrir la verdad, ha sumido al hombre occidental en un pozo de miedo y de soledad. Los jóvenes europeos que se ven lamentablemente seducidos por los movimientos radicales islamitas posiblemente lo sean por la aversión a caer en el nihilismo. Los asesinos de París –jóvenes esencialmente- no eran una excepción. Porque, como se ha visto, “cuando prescindimos de Dios emprendemos una oscura senda en la que toda degradación es posible”, en palabras de Carlos López Díaz”.

Opinión de Mons. Munilla

.. Y una vez llegados a la comprensión de la raíz del mal que aqueja Europa, lo siguiente sería preguntarse, ¿y ahora qué? ¿Qué podemos hacer?

Yo empezaría por la segunda pregunta con otra pregunta: ¿qué podemos hacer para qué? ¿Para mantener esta inmensa podredumbre que es Europa, que solo es fuerte con los más débiles y cobarde con los más fuertes? ¿Para mantener un sistema de “valores” que no son tales y que han sumido a la sociedad en una suerte de viejas asustadas mirando a un lado y a otro para ver quién las protege? ¿Quién está hoy dispuesto a dar la vida por “Europa”? Yo desde luego no.

Oyendo a los políticos diciendo que “el Islam es una religión de paz”, “la unidad de los demócratas”, “el diálogo es posible con los moderados” y demás expresiones vomitivas, sólo puedo corroborar que toda esta inmensa mentira no merece ni un minuto de compasión.

Nos queda, si acaso, defender casa por casa, familia por familia, y se acabó. Lo demás, el “sistema” que llaman, que se hunda en su propia inmundicia cuanto antes mejor.

Y sospecho que será más bien pronto que tarde. Creo que lo veremos.

Después ya podremos (o podrán) empezar a reconstruir sobre bases más firmes que toda esta inmensa mentira deshumanizadora que llamamos “democracia” como palabra “talisman” para que nadie ose siquiera criticarla ni ponerla en duda.

El Silencio

(El autor de este mensaje es el Dr. Emanuel Tanay, nacido en 1928, judío sobreviviente del Holocausto, y conocido y muy respetado psiquiatra forense radicado en los EUA).

Un hombre, cuya familia pertenecía a la aristocracia alemana antes de la Segunda Guerra Mundial, fue propietario de una serie de grandes industrias y haciendas. Cuando se le preguntó ¿cuántos de los alemanes eran realmente nazis?, la respuesta que dio puede guiar nuestra actitud hacia el fanatismo.
“Muy pocas personas eran nazis en verdad” dijo, “pero muchos disfrutaban de la devolución del orgullo alemán, y muchos más estaban demasiado ocupados para preocuparse. Yo era uno de los que sólo pensaba que los nazis eran un montón de tontos.
Así, la mayoría simplemente se sentó a dejar que todo sucediera. Luego, antes de que nos diéramos cuenta, los nazis eran dueños de nosotros, se había perdido el control y el fin del mundo había llegado. Mi familia perdió todo. Terminé en un campo de concentración y los Aliados destruyeron mis fábricas…

Se nos dice que la gran mayoría de los musulmanes sólo quieren vivir en paz. El hecho es que los fanáticos dominan el Islam, tanto en este momento como en la historia. Son los fanáticos los que marchan. Se trata de los fanáticos los que producen guerras. Se trata de los fanáticos los que sistemáticamente masacran cristianos o grupos tribales en África y se van adueñando gradualmente de todo el continente en una ola islámica. Estos fanáticos son los que ponen bombas, decapitan, asesinan. Son los fanáticos los que toman mezquita tras mezquita.

Se trata de los fanáticos los que celosamente difunden la lapidación y la horca de las víctimas de violación y los homosexuales. Se trata de los fanáticos los que enseñan a sus jóvenes a matar y a convertirse en terroristas suicidas. El hecho cuantificable y duro es que la mayoría pacífica, la “mayoría silenciosa” es intimidada e imperceptible.

La Rusia comunista estaba compuesta de los rusos, que sólo querían vivir en paz. Sin embargo, los comunistas rusos fueron responsables por el asesinato de cerca de 50 millones de personas. La mayoría pacífica era irrelevante

La enorme población de China era también pacífica, pero los comunistas chinos lograron matar la asombrosa cifra de 70 millones de personas.

El individuo japonés medio antes de la Segunda Guerra Mundial no era un belicista sádico. Sin embargo, Japón asesinó y masacró, en su camino hacia el sur de Asia Oriental, en una orgía de muerte que incluyó el asesinato sistemático, a 12 millones de civiles chinos, la mayoría muertos por espada, pala y bayoneta.

Y, ¿quién puede olvidar Ruanda, que se derrumbó en una carnicería?… ¿Podría no ser dicho que la mayoría de los ruandeses eran amantes de la paz?

Las lecciones de la historia son con frecuencia increíblemente simples y contundentes. Sin embargo, a pesar de todos nuestros poderes de la razón, muchas veces perdemos el más básico y sencillo de los puntos:
Los musulmanes amantes de la paz se han hecho irrelevantes por su silencio. Los musulmanes amantes de la paz se convertirán en nuestro enemigo si no se pronuncian, porque al igual que mi amigo de Alemania, se despertarán un día y encontrarán que los fanáticos los poseen, y el fin de su mundo habrá comenzado. Los alemanes, amantes de la paz, japoneses, chinos, rusos, ruandeses, serbios, afganos, iraquíes, palestinos, somalíes, nigerianos, argelinos, y muchos otros han muerto a causa de que la mayoría pacífica no se pronunció hasta que fue demasiado tarde.
En cuanto a nosotros, que somos espectadores ante los eventos en desarrollo, debemos prestar atención al único grupo que cuenta: los fanáticos que amenazan nuestra forma de vida.
Por último, cualquiera que duda de que la cuestión sea grave y elimina este mensaje sin reenviarlo, está contribuyendo a la pasividad que permite a los problemas expandirse. Por lo tanto, entiéndete un poco a ti mismo y envía esto una y otra vez!
Esperemos que miles de personas, en todo el mundo, lean y piensen sobre él, antes de que sea demasiado tarde.

Profesora Claude Benoit
Facultad de Filología
Departamento de Filología francesa
Blasco Ibáñez 32
46010 – Valencia – España

Nos vemos en el matadero

JUAN MANUEL DE PRADA – ABC – 16/11/15

Juan Manuel de Prada

· Cuando Rusia lanzó su campaña en Siria, Francia escenificó con mucho aspaviento su oposición.

El presidente sirio Al Assad, después de deplorar los atroces atentados de París, ha recordado que lo que el viernes sucedió en la capital francesa ocurre cada día en Siria desde hace cinco años, ante la indiferencia de las plañideras que hoy lloriquean y ayer se tapaban los oídos cuando el mismo Al Assad advertía: «Pronto veremos cómo las naciones occidentales que apoyan el terrorismo pagarán un alto precio; y muchas de ellas entenderán tarde, e incluso demasiado tarde, que la batalla que el pueblo sirio libra para proteger su patria se extiende más allá de sus fronteras, para defender también a gentes de otras naciones que en el futuro pueden ser víctimas del mismo terrorismo».

Las palabras proféticas de Al Assad se hacen realidad hoy. En estos días luctuosos no debemos olvidar que, al igual que otras colonias del pudridero europeo, Francia (o, dicho más exactamente, los capataces al servicio del Nuevo Orden Mundial que ocupan el Elíseo) apoyó las llamadas «primaveras árabes» acaudilladas por islamistas de la peor calaña. No debemos olvidar que Francia se ha empleado con denuedo en la erradicación de todo régimen nacionalista árabe que supusiera un dique contra la expansión del islamismo, llegando a intervenir de forma especialmente repugnante en Libia. No debemos olvidar tampoco que Francia ha enviado su aviación a Siria con la excusa del combatir a Estado Islámico, pero con el secreto propósito de destruir la infraestructura petrolera del país, sus centros de comunicaciones y, en general, todo objetivo que contribuyese a la defensa patriótica de la nación siria.

No debemos olvidar que Francia (según ha reconocido el propio Hollande) se ha dedicado a armar, entrenar y financiar a los llamados «rebeldes» sirios, que es el nombre fino con que se designa a las alimañas yihadistas venidas desde los más diversos rincones del atlas para derrocar a Al Assad y vaciar Siria, obedeciendo las consignas del Nuevo Orden Mundial, que desea reconfigurar el mapa de la región. No debemos olvidar, en fin, que cuando Rusia, la única nación europea que combate el terrorismo yihadista, lanzó su campaña en Siria, Francia escenificó con mucho aspaviento su oposición.

Dicho lo cual, no podemos dejar de deplorar que el pueblo francés haya sido elegido como víctima del terrorismo que apoyan sus gobernantes traidores. Nos duele en el alma que la nación católica que en otro tiempo fue denominada «primogénita de la Iglesia» se haya convertido, tras dos siglos de destructiva exaltación de los deletéreos ideales revolucionarios, en el principal centro irradiador del veneno que está destruyendo Europa, que no es otro sino la renuncia a los principios que fundaron su civilización, la insensata exaltación del laicismo, la negación de las leyes naturales y divinas que nos ha convertido en una papilla de gentes amorfas, aferradas a sus placeres embrutecedores y a su esterilizante bienestar material.

Nos duele terriblemente pensar en las almas de esos 129 inocentes ametrallados por las alimañas yihadistas, que mientras fueron masacrados ni siquiera pudieron rezar una oración a Dios, porque ya no creen en Él, o porque ya no saben rezarle, pues las oraciones con que sus antepasados se encomendaban a Dios no se pueden enseñar en las escuelas ni rezar en público, por razones de «higiene pública» y «progreso social». Nos duele terriblemente ver a un pueblo otrora fuerte y aguerrido convertido en un pueblo apóstata al que sus gobernantes han dejado inerme y sin fibra moral. Pero en esto los franceses no se distinguen de los demás pueblos que integran el pudridero europeo, víctimas del terrorismo que apoyan sus gobernantes traidores. ¡Nos vemos en el matadero!

JUAN MANUEL DE PRADA – ABC – 16/11/15